La idea del perdón se encuentra en el Padrenuestro, la oración hecha por el mismo Jesús y que aparece en los Evangelios de Mateo y Lucas: “Perdona nuestras ofensas, así como nosotros también perdonamos a quienes nos ofenden”. El acto de perdonar es tan antiguo como el hombre mismo y se trata de pasar por alto una falta y entregar nuevas oportunidades.
Y justamente aquello fue lo que hizo el papa Juan Pablo II cuando se enfrentó a su atacante.
El día 13 de marzo de 1981, el entonces Papa resultó herido en la ciudad del Vaticano debido a un ataque perpetrado por Mehmet Ali Ağca y Oral Çelik.
Uno de los atacantes no alcanzó a huir de la fuerzas de seguridad y fue condenado a cadena perpetua por el tribunal italiano.
El Papa logró sobrevivir al severo atentado y, apenas pudo ponerse de pie, decidió ir a visitar a Ağca. Durante este encuentro, el Papa le ofreció su perdón y le dio la oportunidad de enmendar sus errores.
Un par de décadas después, en el año 2000, el Papa pidió al tribunal italiano que le fuera entregado el perdón legal al turco. Y así sucedió: el hombre fue liberado y deportado a Turquía, donde fue encarcelado por una antigua condena que había eludido.
El encuentro con el Papa caló tan hondo en Ağca que se convirtió al cristianismo y empezar una vida nueva, lejos del odio y el rencor.
Ya en 2010 logró su libertad y en 2014 viajó a Roma para visitar la tumba de Juan Pablo II, para agradecerle al hombre que le enseñó que una vida nueva es posible gracias al perdón.
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